Nuestro último día en Burdeos.

Escribimos un día alegre y triste, corto pero intenso, memorable e inolvidable.

La mañana era nublada y lluviosa, pero eso no nos impidió disfrutar de los amables franceses, los olores de los “bistro” y de las viejas librerías, los edificios barrocos, y de las mojadas calles de Burdeos.

Tras un eterno juego de pistas, y derrochar el dinero en la cara tienda de los Girondins de Bordeaux, Galerias Lafayette, macarons, cannelés y vinos, fuimos a visitar a Guillermo José Chaminade, el fundador de nuestro colegio y de toda la familia Marianista en el mundo, sin el cual, no hubiéramos podido disfrutar de esta maravillosa experiencia. Rezamos un Padrenuestro en la capilla de la Madeleine, y visitamos su cuarto con sus reliquias y pertenencias.

Apretujados, disfrutamos de un regreso al colegio muy público; en tranvía.

Y a las 19h dio comienzo la fiesta, en una gran sala del colegio. Bailamos, comimos, hicimos tantas fotos como selfies, manteamos a franceses y españoles, disfrutamos de la Macarena, un Harlem-shake, y cientas de despedidas.

Muchos lloraron o como dicen los chicos “se humedecieron los ojos”, pero las chicas no podían disimular, debido a sus ojos negros cual mapaches por el rímel corrido.

Y en el último minuto, subiendo los escalones del autobús, mi mano y la de Alice permanecieron unidas, como lo hemos estado las dos durante esta semana. Algo más que una gabacha, que una correspondiente, que alguien con gustos parecidos a los míos, y más que una amiga; una hermana. Siendo hija única, nunca he tenido la oportunidad de compartir unos momentos como estos, y Alice me ha enseñado algo más que la pronunciación y la conjugación del verbo “apprendre”.

Todos los españoles han sentido lo mismo, y probablemente muchos de ellos, se han dado cuenta a medida que nos alejábamos de Burdeos. Cada kilómetro que avanzábamos, era otro que nos alejábamos de nuestras familias y de los lazos de unión que hemos forjado. Pero seguiremos unidos ya que esta semana, estas personas, esta ciudad, Bordeaux, nos ha marcado.

Hoy acaba la primera etapa, pero nos queda la última. Esto no es un “Au revoir”, es un “A bientôt”.

Esto no es más que el principio de una inolvidable experiencia. Volveremos.